El artesano del Ajedrez
Corrían los años cincuenta en La Plata. Un pibe juega al ajedrez al borde de la cama acompañando a un tío con crisis asmáticas, ese chico recién llega de su ciudad natal, Concordia, Entre Ríos, se llama Julio, uno de cinco hermanos de una familia donde los padres autodidactas se dedican a la venta de juguetes, fabricados por ellos mismos.
Década del setenta. La Plata es un lugar difícil para vivir, con crisis de la política y una dictadura que no fue ninguna solución a los problemas previos, al contrario. Julio ya es mayor y quiere vivir mejor, consiguiendo el título de maestro mayor de obras y una oferta de trabajo en el sur, Viedma, capital de Río Negro. La mudanza fue harto difícil en el contexto de un duelo por la muerte de su mujer, con tres hijos muy pequeños.
Julio Alfredo Cossani vivió resolviendo problemas, cuida de su mente y una vida prolija lo llevó a superar pruebas. El ajedrez fue su aliado en momentos donde la vida no ofrece la mejor cara. Por algo lleva siempre un tablero y una cajita con piezas ajedrecísticas. En aquel trabajo durante treinta años, alcanzó el cargo de director general de obras públicas en el Instituto de Desarrollo del Valle Inferior y formó Coopertivas, pero además en la provincia patagónica fundò el primer Centro de Ajedrez.
El nuevo milenio trae a internet y el mundo corre. Julio decide volver a la ciudad, al barrio donde creció con sus hermanos y sus hijos. Le nacen preguntar al dar una vuelta por la Escuela Primaria Nº 21 “Dr. Agustín B. Gambier”, donde egresó y fue muy feliz. Julio organiza una gran fiesta que reunió a tanta gente que “no alcancé a recorrer todo el salón para saludar a todos los que habíamos invitado”. La jugada de la convocatoria dejó un gran resultado, la formación del Centro de Ex Alumnos de un establecimiento educativo con fundado en 1884, ¡dos años después que la nueva capital bonaerense! La ayuda que brindaron al cuerpo directivo del colegio dejó en funcionamiento un gabinete de informática y, para beneplácito de don Julio, un tallecito de ajedrez.
En la vida, suele decir un refrán, “uno propone y Dios dispone”. Desde ese momento que entró al aula, imaginó que también podrían hacerlo en todas las escuelas. Llevó un proyecto a las esferas gubernamentales, pero no era el momento. Mientras tanto, su propuesta de llegar a la gente, especialmente a los jovenes, encontró eco en clubes populares, Everton y Centro Fomento Los Hornos. No es un docente común. Julio vive esta pasión como un niño cuando queda absorto con la pelota. Y tiene demasiadas experiencias como para afirmar que el chico también se entusiasma pese a la quietud que requiere una partida.
-¿Qué conclusión sacó cuando lo llevó a las aulas?
-Le gustó a todos. La idea fue ayudar en sus esfuerzos a nuestra querida escuela 21, contribuir a la formación sin que se produzcan impactos educativos. Originalmente la propuesta estuvo dirigida a los cuartos grados y posteriormente se podían incorporar otros cursos. Es un hermoso deporte.
-¿Juego o deporte?
-Deporte, porque en su máxima expresión se llega a las 180 pulsaciones por minuto.
Charlar con Julio es sentir el aroma a aula. Entre las carpetas que repasa el periodista de Vive están los dibujos que proyectan cómo va a generar él mismo las piezas.
Sí, fabrica en forma casera las piezas y los tableros, como en un tiempo sus padres lo hicieron con juguetes. Con cola vinílica, aserrín o parsec, cartones o plásticos, inventa a los peones, las torres, los caballos, los alfiles, la reina y el rey. Probó con todas las dimensiones imaginables, y sólo le faltaría hacer un juego con piezas del tamaño de una persona. Si bien parece una utopía, ya Julio está elaborando una escultura con la que embellecerá a una plaza de su actual barrio, Villa Garibaldi.
Lo cierto es que reutilizando potes de yogur, frente a frente, están dispuestas las piezas para empezar a jugar un ¡Estudiantes-Gimnasia!, un ajedrez con telgopor.
A fines de 2018 se inspiró en la final de la Copa Libertadores jugada en España y armó un River- Boca. Lo pensó con un espíritu popular, ya que el tablero fue pintado en las baldosas de la vereda donde vive su hermana, Violeta Cossani. “Jugamos al ajedrez en la calle”, recuerda aquellos días en Los Hornos, en plena Calle de las Luces.
Violeta dice de su hermano: “El suyo es un testimonio de perseverancia, de haber pasado por pruebas muy difíciles, y sin embargo y a pesar de… pudo seguir avanzando” y confiesa que “antes lo miraba jugar en casa con otros hermanos y pensaba ‘que estupidez, se pasan sentados dos horas’, hasta que un sobrino me dijo ¡tía, te juego…! Le gané y consideré que era capaz de estar sentada una o dos horas, quieta, en absoluto silencio y con mi mente hacia adentro, pudiendo pensar y resolver”.
Las distintas circunstancias de la vida, por mínimas que sean, pueden resultar semejantes a la variedad de opciones que permite el ajedrez. La siguiente situación vuelve a unir el destino de la familia Cossani con la atrapante disciplina. Eran los días de 2002 en que Violeta llevaba a sus nietos al Jardín de Infantes y se encuentra que en una Biblioteca, justo al lado, un cartelito le llama la atención. “Lugar de lectura y de enseñanza de ajedrez”. Allí daba clases Carolina Hurtado, hoy una de las docentes con mayor trayectoria a nivel local y provincial. El interés de Violeta fue tan grande que, a falta de un espacio físico, empezaron a verse en Plaza San Martín. “Todos los miércoles, a las 15 horas, no importaba si llovía, Violeta estaba ahí. Para gran sorpresa mía vi la pasión por el ajedrez como en pocas personas, y con tanta facilidad para enseñarlo que, a pesar de que para mi concepto ajedrecístico sabía poco, lo que le iba contando empezaba a transmitirlo en la escuela 28 donde daba clases de educación física. Un día me invitó a esa escuela rural y pude ver ese mundo maravilloso, mezclándome sin saberlo en lo que era la primera experiencia de ajedrez escolar”, cuenta Carolina.
“Y un día me contó de su hermano, con el que ya charlábamos del ajedrez duro, del competitivo, de club, de donde yo provengo. Alguna vez con Julio intentamos un proyecto de mesitas de ajedrez en Los Hornos, algunas se hicieron, y el Ajedrez para Todos que estuvimos desarrollando en la calle de las luces. Hicimos torneos y talleres pensando que en este barrio podía estar una cuna de ajedrecistas, y mirá hoy a la campeona argentina, Renata Elizondo Chávez -13 años-, ella es de ese barrio, justamente vecina del lugar donde organizábamos con Julio y Violeta”.
Julio, nacido el 23 de noviembre de 1941, tiene un espíritu joven. No ha parado un minuto, ni siquiera tras sufrir un problema de salud que lo tiene momentáneamente en silla de ruedas. Seguramente la disciplina lo ha llevado a vencer. “El ajedrez exige madurez intelectual, un temple especial y una elevada capacidad de cálculo. Te doy un ejemplo de lo que me llevó a lograr con la práctica. La mayoría de las veces que voy en auto al centro de La Plata puedo llegar sin haber parado en un solo semáforo. Hay una programación de las luces de los semáforos y como voy regulando mi marcha no paro, porque voy haciendo cálculos, es decir, jugando al ajedrez”.
“Tener puntualidad es otra de las virtudes –sigue Julio-, incluso llego a cualquier cita con unos minutos de margen. Es un tema de mentalidad y coordinación. Jugar al Ajedrez, que es una competencia deportiva, tiene el tiemplo aplicado y el manejo del mismo tiene rasgos psicológicos, en la paciencia o el apuro, en la toma de decisiones y los resultados, incluso efectos para la meditación”.
Violeta, por su parte, recuerda aquellos tiempos de enseñanza con sus alumnos a los que vuelve a encontrarse y le recuerdan aquellos momentos, cuando en la Escuela Rural 28 de Los Hornos. “Incluso construimos las piezas y los tableros con un carpintero que tenía a la vuelta de casa. Los chicos que egresaron hoy siguen compartiendo el juego”.
El sembrar es también sentarse y ver la época de cosecha. Pasaron más de quince años desde que Julio llevó a las autoridades del Consejo de Educación Provincial un proyecto para aplicar la enseñanza del ajedrez escolar. Ese sueño en 2022 sigue su curso con el plan de inclusión del gobierno, a través de políticas socioeducativas, viéndose poco a poco el incremento de horas y torneos de ajedrez en los municipios, picando en punta los del norte del conurbano bonaerense, Tigre, San Isidro y Vicente López, y algunos sureños como Quilmes y Florencio Varela, donde se destaca el apoyo de las intendencias que crearon la Escuela Municipal de Ajedrez. Por supuesto que hay muchos casos, aunque pocas veces toman visibilidad.
“En resumen, el juego es un ejercicio mental que va facilitándonos el poder de concentración. Te doy otro ejemplo. En mi profesión de maestro mayor de obras, hace unos años, estaba redactando un proyecto que incluía dos plantas, instalaciones, carpintería, estructura, en fin, fueron cinco planos para una casa nueva de una doctora. Ya en el final, se cortó la luz y por el mismo entusiasmo de ir resolviendo no guardé nada. Cuando vuelve la luz no me apareció nada del trabajo. Cuestión, tuve que hacer todo de vuelta y por el tema de la concentración mientras lo hacía, pude volver a escribir todo. En dos días ya tenía los cinco planos de vuelta”.
“El ajedrez está lleno de beneficios para la vida. Cuando hablo con los chicos les hago una pregunta, ¿dónde estamos? Y empezamos… Estamos en la escuela… en el barrio… en la ciudad de La Plata, en la provincia de Buenos Aires… en la Argentina… en el continente americano… en el globo terráqueo… en la galaxia. Al hacer esa mecánica uno practica la observación. Así también pasa cuando le enseñamos ajedrez… primero ves un cuadrito, ves en otros cuatro cuadritos… y cada vez más cuadritos hasta tener un panorama del tablero”, cuenta este artesano del deporte.
Sobre la mesa, uno peones surgidos de potes de yogur; a su lado, unos papeles escritos, palabras sueltas… Galaxia, Martín Fierro, Neurona, Ajedrez, ADN.
-¿Y esto, por qué lo escribió?
-Son conocimientos que hay que tener tarde o temprano.
Al pie de la misma hoja tiene algunos cálculos matemáticos.
-¿Y acá, qué quiere representar?
-Bueno, estos son conocimientos que hay que saber más temprano que tarde.